25-5-2024 “Canillas de Aceituno – La Maroma – Canillas de Aceituno”

Una chica, nuestra heroína Fernanda y cuatro chicos, hemos realizado este sábado la ruta que sube al techo provincial de Málaga, una ruta brutal de casi 19 kms en la que se supera un desnivel positivo acumulado de casi 1500 metros.

Empezamos a andar a las 7 de la mañana. En compañía de Fernanda, Ortegucha, José Luis y guiados por Paco Casanueva afrontamos las duras cuestas para salir del pueblo, mientras esto sucedía, Mariló, María del Castillo y Pepe se desviaban para dirigirse a la ruta del Saltillo.

La subida a La Maroma es constante, prácticamente no hay descanso, cada dos horas había que parar para comer e hidratarse. A las cuatro horas, nuestro querido compañero, José Luis Pardillos, tomó la acertada decisión de pararse y esperar a que volviésemos. Debido a una contractura del cuádriceps de una de sus piernas, se refugió en la sombra de unos arbustos, pues a esa altura ya no hay ni árboles. Paco le dejó un ibuprofeno en rolón para que se lo fuese aplicando y cuando lo recogiéramos al bajar no tuviese problemas en el difícil descenso.

Proseguimos y al rato empezamos a ver a grupos de cabras montesas, augurio de que la cumbre estaba cada vez más cerca. Desde ese momento, el sendero ya no se encuentra claramente visible, solo se tienen que seguir los hitos puestos allí por quienes han subido a lo largo de las últimas décadas.

Conforme te vas acercando a la cima, las vistas son, más y más espectaculares, se ven, Torre del Mar y Vélez-Málaga, con bastante claridad. Coronamos a las a las 12 horas y nos encontramos allí a dos o tres grupos de senderistas que, evidentemente, no habían hecho la más difícil de las ascensiones, la elegida por nosotros, venían de la otra cara de la montaña, unos desde su 4X4 aparcado lo más cerca posible y otros desde otros pueblos, conclusión a la que llegamos tras intercambiar algunas palabras con ellos y decirnos que habían subido en dos o tres horas. Lo cierto es, que si en nueve horas de ruta no te encuentras con nadie subiendo a esta mítica cumbre, parece claro que su terrible dureza es conocida y muy pocos deciden hacerla y sufrirla.

Desde arriba, se ve con claridad el mediterráneo y hasta la costa africana con el Atlas detrás, Gibraltar, toda la Costa del Sol y Sierra Nevada. Nos hicimos las fotos de rigor, nos alimentamos, nos hidratamos y nos dispusimos a afrontar lo peor, un descenso muy complicado, empinado, muy irregular, con piedras sueltas, que no te permite quitar la vista del suelo a no ser que quieras caerte. Tuvimos la gran suerte de que José Luis se recuperó lo suficiente para poder bajar con nosotros sin problema alguno. 

En definitiva, otras cuatro horas, esta vez de descenso, en las que conforme pasaba el tiempo sentías como el dolor de tus pies iba aumentando debido a los constantes impactos de los dedos con la bota. Los resbalones de todos nosotros eran constantes y el descenso parecía no tener fin. 

Pasadas las 16 horas, es decir, tras más de nueve horas de la partida, llegamos a Canillas de Aceituno, donde nos esperaban los otros tres compañeros, los que habían realizado una preciosa ruta, pero de características parecidas a las que habitualmente hacemos, eso sí, nada que ver con el matadero al que voluntariamente nos dirigimos los que subimos a La Maroma.

Sufrimos bastante, pero no nos arrepentimos de ello, porque fuimos testigos de la Naturaleza en todo su esplendor y de unos paisajes alucinantes.

De Canillas de Aceituno, solo puedo deciros que es un pueblo precioso y que los precios que te encuentras en los bares son muy bajos, son como los de Sevilla a principios de siglo y no exagero.  

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *